No es posible asegurar que por solo por un disbalance hormonal una mujer pueda producir una cantidad de testoterona suficiente para tener cambio en su género.
El género es una construcción social y por tanto está determinado por mucho más que un nivel de una hormona como la testosterona. Lo anterior implica que cambios en la forma de vestir o comportarse de una persona suelen tener orígenes que no se pueden establecer solo con un resultado de laboratorio.
Existe la posiiblidad de que una persona no se sienta identifcado con el género que acompaña a sus características sexuales, ya sean masculinas y femeninas. Esto se ha llamdo disforia de género. Una persona con disforia de género puede llegar sentir confusión, incomodidas, ansiedad o preocupación, pero es importante tener en cuenta que esto no es algo por sí mismo que sea malo, o que sea culpa de la persona ni tampoco que lo pueda controlar por sí misma.
Debido a que cada caso es único, en estas situaciones es recomendable recibir acompañamiento de profesionales de diferentes áreas como medicina y psicología que puedan ayudar a la persona a tomar decisiones informadas sobre lo que desea hacer.
